Estaba a pocos meses de casarme cuando una supuesta “gastroenteritis” me atacó fuertemente. Yo en el fondo sabía lo que realmente estaba ocurriendo pero los médicos se negaban a hacerme pruebas de embarazo y la que yo me había hecho había resultado negativa. Después de mucho insistir logré convencer a Santiago que me acompañara donde el ginecólogo para ver qué era lo que realmente estaba ocurriendo y, fue ahí cuando confirmé nuestras sospechas: estaba en embarazo y ya tenía aproximadamente 13 semanas (sí, yo sé, conozco perfectamente la cara que están haciendo, yo también la hice).

  

Lloré mucho, tenía miedo y en mí se generó un “rechazo” por lo que estaba ocurriendo; definitivamente era algo que NO podía estar pasando. Santiago estaba feliz, era lo único que me tranquilizaba pero saber que me iba a casar estando en embarazo y que YO iba a ser MAMÁ me aterrorizaba.
Pasaron los días y esos miedos fueron desapareciendo, empecé a ilusionarme y a imaginarme la que sería mi nueva vida. Sin embargo, me acuerdo que fui muy egoísta, le hablaba mucho a Jerónimo pidiéndole que por favor no fuera a salir mucho antes del matri, pues no quería que el vestido no me sirviera y que ese día me viera super barrigona. Es increíble como la sociedad hace que se nos metan cosas en la cabeza tan innecesarias y absurdas, hoy no me perdono haber reaccionado así. A pesar de lo injusta que había sido, Jero no salió, tenía 6 meses cuando me casé y seguía igual que siempre, flaca, sin barriga pero con una sonrisa diferente, una alegría inmensa…

Pocos días después todo se complicó, empecé a sentir unas contracciones muy fuertes y llegué a la clínica teniéndolas cada 2 minutos, parecía literalmente en trabajo de parto. En ese momento lo primero que se me vino a la cabeza fue un sentimiento de culpa INMENSO, empecé a juzgarme sin parar y a repetirme que si Jerónimo nacía en ese momento y le pasaba algo todo era por el rechazó que yo le había generado en primer momento. Estuve hospitalizada 1 mes en el que las contracciones iban y venían (eran falsas afortunadamente), pero estando ahí se dieron cuenta que mis plaquetas estaban supremamente bajitas y que si no lograban estabilizarlas la única solución que había era sacar al bebé porque era muy riesgoso para mi. Fueron días de mucha angustia, no encontraban exactamente cuál era mi diagnóstico, mi estado de salud era cada día más crítico y aunque el apoyo de mi esposo, de mi familia y amigos fue ENORME, yo me sentía completamente perdida.
Día a día le pedía perdón a Jerónimo, hice un proceso de sanación muy fuerte por todo lo que había ocurrido y solo rezaba porque el final de esta historia fuera feliz.

Finalmente mis plaquetas bajaron a un punto en el que no podían esperar más, me hicieron una cesárea de emergencia a la que entré en absoluto shock y sola, pues al ser de alto riesgo Santiago no podía acompañarme. Estando acostada en la camilla mi cabeza y mi corazón iban a mil, las ganas de ser mamá eran indescriptibles. A las 8:12pm del 8 de abril de 2015 nació Baby Jero empezando la semana 32, no pude verlo, ni cargarlo, ni disfrutar de ese momento soñado la primera vez que lo pones junto a ti. Todo fue muy rápido, la pediatra se lo llevó a la velocidad de la luz y mi única tranquilidad era que estaba vivo porque lo oía llorar. Creo que han sido los momentos más duros que he tenido en mi vida, no solo por el miedo a que a mi hijo le pasara algo, sino por todo lo que estaba corriendo por mi mente.


Mientras yo estaba en recuperación, sacaron a Jero en incubadora para que en compañía de Santiago lo llevaran a cuidados intensivos, estaba teniendo problemas para respirar y era muy chiquito pero afortunadamente su pronóstico era estable y las probabilidades de salir adelante eran demasiado altas.

Tuve que esperar hasta el otro día para poder verlo en su incubadora lleno de cables, yo solo lloraba, estaba muy débil, pero sabía que tenía que sacar fuerzas de donde fuera porque él me necesitaba. La energía que se siente en la UCI es supremamente pesada, sabes que todos los que están ahí están luchando en esa delgada línea entre la vida y la muerte, y saber que tu hijo es uno de ellos es indescriptible. No lloraba, sus pulmoncitos eran tan diminutos que no le daban ni para eso, tenía que comer a través de una sonda porque no sabía que comer, pues la succión es de lo último que ellos desarrollan.

Mi primer contacto con mi hijo fue a través de unos huequitos diminutos que tenía la incubadora, luego pude cargarlo y fue ahí en ese instante en donde sentí el amor más grande del mundo. Él era una cosita diminuta pero llena de fuerza, en menos de 24hs ya respiraba solo con ayuda de un poco de oxígeno y nuestras miradas se cruzaron llenas de complicidad, la misma que nos va a acompañar durante toda nuestra vida.

Yo no tuve vínculo con él en el momento del parto, ni tampoco pude alimentarlo y, aunque fue supremamente doloroso para mí, quiero que sepan que ese “vínculo” del que tanto hablan, se construye de mil maneras. Jero y yo tuvimos desde el primer instante en que nos vimos la conexión más linda del universo y el hecho de haberlo pegado contra mi (canguro) es también una forma de establecer esa relación tan importante.

Jerónimo se recuperó supremamente rápido y  bien, estuvimos  solo 17 días en UCI  que aunque suena mucho fue menos de lo que nos habían dicho. Me acuerdo que lo más duro era tener que irme y dejarlo solito, pero siempre le prometía que estaba a su lado, que íbamos a salir adelante y que nunca más en la vida iba a dudar de él. Fue una experiencia dura, llena de retos y mil aprendizajes.
A sus 5 meses que en realidad eran 3 por su edad corregida, nos fuimos a vivir a Inglaterra para acompañar a Santi mientras hacía un MBA, fueron 12 meses inolvidables pero difíciles, era muy chiquito, delicado y  yo estaba muy sola, pero todo eso hizo que nos uniéramos más y más.
Su primer año fue lleno de sentimientos encontrados, teníamos que visitar a mil especialistas para asegurarnos que todo estuviera bien, estaba la preocupación de si su desarrollo iba a ser normal y la lucha porque cada gripa no trajera como consecuencia una hospitalizada.

Jero y yo llevamos 2 años y medio siendo absolutamente inseparables, hablamos de manera sincronizada y nuestras personalidades son muy similares. Amo mi vida junto a él desde el día 1, no cambiaría absolutamente nada porque así como ha sido es como tenía que ser y es espectacular.
Las mamás de prematuros no somos diferentes a otras madres, pero sí estoy segura que somos más fuertes al igual que las pulgas por la misma necesidad de recuperarnos  y estabilizarnos rápidamente. No soy mejor mamá por esta razón, pero sí les puedo decir con toda la seguridad que soy MEJOR LAURA.
Por todo lo que viví siento una enorme afinidad con los niños, me apasiona todo lo que está relacionado con ellos y me siento absolutamente plena.

Mi recomendación para todas la futuras mamás de prematuros o para aquellas que al igual que yo sienten miedo de tener hijos es que no tengan miedo, estén seguras que Dios no le pone a uno cosas que no seamos capaces de superar, todo en la vida pasa por alguna razón aunque muchas veces nos cueste entenderlo, todo llega en el momento que tiene llegar´, estén bien con ustedes mismas para que sus hijos puedan estarlo y, lo más importante, sean únicas, disfruten su maternidad, gócenla, es la mejor experiencia que una mujer puede tener.

@maternidadenbalancecol